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Mostrando entradas de marzo, 2020

Empezar de cero

Llevaba tiempo colgando, agarrado con mis uñas negras al borde del precipicio y una noche, de repente, mi cuerpo gordo y torpe, harto de aguantarme y cansado se dejó caer sin más y aulló de dolor para que me pudiera dar cuenta de que ya nadie me escuchaba. Se fue la rutina, se ocultó el sol, y entre las sábanas de mi cárcel vinieron las lágrimas y el pavor a desenmascarar mi mentira y a apedrear al actor. Quise esconderme, ahogarme entre las sábanas, abrazar eternamente el silencio y desaparecer para siempre, pero mi cuerpo no me dejó, comenzando una cruda guerra contra mi pena y mi dolor. Me rompí para rehacerme para encontrar en la oscuridad las piezas que faltaban y construirme paso a paso. Me apagué para encenderme como un faro en el mar sólo que en este oceáno ya no quedan barcos que guiar. Me escondí para que me vieran los que habían olvidado buscar y recordaran que a este hombre no se le puede quebrar...

Mañana de lunes

Las diez en el reloj y un estridente taladro agujerea la acera en mi ventana. Me asomo, observo, la gente ya no quiere bailar y brillan, en la tormenta, las calvas trajeadas y las descoloridas faldas de las niñas que hoy no juegan. Quiero saltar, volar sobre la hierba y caer en picado sobre tu boca de fresa. Quiero llorar, retozar sobre la pena agarrar mi realidad y desmontarla pieza a pieza. Quiero vivir, dilapidar cada segundo, dar un paso adelante y saldar todas mis cuentas. Quiero gritar, estrecharte en mi sonido y que bailes al son de la música que yo dicto. Quiero acabar, terminar este poema diciendo que, por desgracia, ya no sé ni qué quiero.

Listado de cosas sin las que no quiero vivir

Hoy, aquí, parado, decido pararme aún más para cerrar los ojos y quizás pensar en todas aquellas cosas sin las que no quiero respirar, porque a falta de grandes sueños son las pequeñas cosas las que empujan mi caminar. Un café humeante por la mañana, una cerveza fría para compartir, una sonrisa franca y sincera, un largo abrazo como saludo y un “te quiero” para despedirme. El tacto caluroso de tu pelo apoyado en mi pecho por la noche mientras me hablas de tus sueños, de tus miedos y esperanzas, de cómo te ha ido el día o de la pereza que te da madrugar. Cruzar la puerta y lanzar los zapatos después de un día agotador, romper con paciencia y trabajo la dulce barrera de tu amor. Soñar, apoyado en mi alma, con quién seré cuando sea mayor. Romper mi cabeza, luchar con ganas, para que el mañana venga mejor. Mirar hacia arriba, volar sin alas, afrontar el futuro con todo el valor. Firmar sin orgullo alguno poemas rajados ...

La cantinela de siempre

Empiezo hoy, sin escudo, esta lucha contra mí mismo, en la que sin cuartel combatiré  contra fantasmas del pasado, contra sueños imposibles, contra los ángulos más oscuros de mi rajada y penosa alma. Desde el fondo del pozo tendré que trepar sin cuerda, sin manos amigas ni ayuda hasta asomar mi cabezota y sentir nuevamente el sol que hace tiempo se escondió. Será una lucha a muerte (salir o vivir en el fondo), será una lucha sin gloria, sin curiosos ni testigos, sin periódicos ni cronistas, sin enemigos ni amigos, solos yo y mi desgracia, solos yo y mis errores, solos yo y mi soledad. Desde esta solitaria cama encallada en las tierras del hastío construiré como pueda sin útiles ni herramientas unas finísimas alas que sobrevuelen el desengaño, que aparten a pajarracos, que me eleven por encima de todo eso que me hace daño. Espero volar, tocar el horizonte con las manos y decir, dentro de un tiempo, que mis alas...

Adiós

Te fuiste, me dejaste y te fuiste, abandonado en la cuneta, perdido entre las sombras, vagando en el desierto, sin sueños ni esperanzas, con rencor y sin consuelo. Convertiste el fuego en escarcha y después esa escarcha en hielo, dejándome bajo cero, oscureciendo mi alma y llenando mis lamentos. Te fuiste, te diste la vuelta y simplemente te fuiste, sin mirar hacia detrás y quisiste mostrarme tu peor cara dándome besos de muerte y llena de falsas lágrimas. No supe reaccionar, creo, no supe despedirme, no supe ser fuerte y caminar y me quedé parado y quieto mirando a tu sombra alejarse y esperando, como un tonto, que nunca desapareciese. Pero se acabó, y en poco tiempo pasé a ser un recuerdo poco importante, una china en tu zapato un pequeñísimo escalón de la escalera de tu pasado. Todo acabó hace ya tiempo y por mucho que quise agarrarte te me fuiste entre los dedos una tarde de enero cuando no hacía sol, ...

Temor

Temor en una noche de enero en negro sobre blanco como línea de un diagnóstico sin fácil solución. Temor a la luna solitaria, temor a las emociones no tratadas, temor a la careta caída, a la soledad de mi alma, temor a tus palabras vacías, temor al trecho que separa mis brazos de los brazos del mundo, temor a la cadena que me ata a esta cama tan aislada. Temor antiguo y cansino que mis tormentas desata, temor simple y abstemio, temor de ayer y de hoy, temor al mañana. Temor que incapacita y hastía, temor que escondo bajo mi farsa, temor que parte mi cielo, y que apaga tu mirada, temor que rompe piernas y me tumba en esta cama. Temor, maldito temor, te irás de aquí por la mañana cuando una vieja chispa en mi pupila te demuestre que sobrabas, y vendrán tiempos mejores, llenos de vino y gloria en los que tú sólo seas un lejano y triste recuerdo de la torpeza de mi alma.

Quisiera

Y yo qué sé qué me pasa, niña, cuando me preguntas intrigada mientras miro al horizonte. No es que esté triste, ni cansado, ni pesaroso, ni aburrido, pero  no puedo evitar, mientras miro la miel apagada de tus ojos antes chispeantes, pensar que quizá todo fue un error, que quizá corrimos antes de andar, que quizá volábamos, sin saberlo, demasiado cerca del sol. No sé cuándo fue, ni por qué, pero en el fondo de tus ojos la chispa que encendía mi alma, un día se apagó, y los abrazos se convirtieron en apretones de manos y los besos apasionados en saludos lejanos. Tal vez cometí algún error, no recuerdo, tal vez nuestro pasado nos devoró, o tal vez, simplemente, aquel día algo imperceptible cambió. Quisiera ser libre y volar, quisiera llevarte tan lejos como puedas imaginar, quisiera romper tus muros y conquistar tus banderas, quisiera ayudarte, a tu lado, a matar a tus dragones, quisiera morderte los p...

Lo siento

Lo siento pero estoy llorando mis lamentos en un charco demasiado mojado repleto del húmedo musgo de las tumbas que dejaron mis experiencias del pasado. Lo siento pero me aburrí hace tiempo de romper con mis gemidos las noches de silencio en las que sólo me acompañan la triste luna y el frío viento. Lo siento desde bien adentro, como una ola que nace desde el corazón del desierto, como el crepitar de una piña en el fondo de un fuego, como la primera burbuja de una cazuela hirviendo. No sé desde cuándo, ni por qué, ni en qué contexto, pero escucho los latidos de aquel corazón indómito que enterré en el cementerio una noche sin más sin secretos ni misterios hace tanto que ya no me acuerdo. Lo siento si no escribo tanto si guardo mis palabras sin remedio, pero quiero escribir menos para vivir más contento. Intentaré escribir mi alegría, mis pasiones e ilusiones, mis cervezas con amigos, mis cafés en el invierno. Intentaré escribir el amor, el chocol...