Empezar de cero
Llevaba tiempo colgando,
agarrado con mis uñas negras
al borde del precipicio
y una noche, de repente,
mi cuerpo gordo y torpe,
harto de aguantarme
y cansado
se dejó caer sin más
y aulló de dolor
para que me pudiera dar cuenta
de que ya nadie me escuchaba.
Se fue la rutina, se ocultó el sol,
y entre las sábanas de mi cárcel
vinieron las lágrimas y el pavor
a desenmascarar mi mentira
y a apedrear al actor.
Quise esconderme,
ahogarme entre las sábanas,
abrazar eternamente el silencio
y desaparecer para siempre,
pero mi cuerpo no me dejó,
comenzando una cruda guerra
contra mi pena y mi dolor.
Me rompí para rehacerme
para encontrar en la oscuridad
las piezas que faltaban
y construirme paso a paso.
Me apagué para encenderme
como un faro en el mar
sólo que en este oceáno
ya no quedan barcos que guiar.
Me escondí para que me vieran
los que habían olvidado buscar
y recordaran que a este hombre
no se le puede quebrar.
Me insulté para escucharme,
para abrir los ojos sin llorar,
para comprender que lo primero
era saberme perdonar.
Me lancé para pararme,
para mirar y reflexionar
sobre las zarzas encendidas
con el fuego de de mi realidad.
Morí, luché,
me derroté, vencí
y sin saber cómo
un día desperté
soñando con el mañana
desterrando por fin el ayer.
Comentarios
Publicar un comentario