Mañana de lunes

Las diez en el reloj
y un estridente taladro
agujerea la acera en mi ventana.
Me asomo,
observo,
la gente ya no quiere bailar
y brillan, en la tormenta,
las calvas trajeadas
y las descoloridas faldas
de las niñas que hoy no juegan.

Quiero saltar,
volar sobre la hierba
y caer en picado
sobre tu boca de fresa.

Quiero llorar,
retozar sobre la pena
agarrar mi realidad
y desmontarla pieza a pieza.

Quiero vivir,
dilapidar cada segundo,
dar un paso adelante
y saldar todas mis cuentas.

Quiero gritar,
estrecharte en mi sonido
y que bailes al son
de la música que yo dicto.

Quiero acabar,
terminar este poema
diciendo que, por desgracia,
ya no sé ni qué quiero.

Comentarios