La cantinela de siempre

Empiezo hoy, sin escudo,
esta lucha contra mí mismo,
en la que sin cuartel combatiré 
contra fantasmas del pasado,
contra sueños imposibles,
contra los ángulos más oscuros
de mi rajada y penosa alma.

Desde el fondo del pozo
tendré que trepar sin cuerda,
sin manos amigas ni ayuda
hasta asomar mi cabezota
y sentir nuevamente el sol
que hace tiempo se escondió.
Será una lucha a muerte
(salir o vivir en el fondo),
será una lucha sin gloria,
sin curiosos ni testigos,
sin periódicos ni cronistas,
sin enemigos ni amigos,
solos yo y mi desgracia,
solos yo y mis errores,
solos yo y mi soledad.

Desde esta solitaria cama
encallada en las tierras del hastío
construiré como pueda
sin útiles ni herramientas
unas finísimas alas
que sobrevuelen el desengaño,
que aparten a pajarracos,
que me eleven por encima
de todo eso que me hace daño.
Espero volar,
tocar el horizonte con las manos
y decir, dentro de un tiempo,
que mis alas funcionaron.

Saldré victorioso,
como un buen general,
y volveré humilde,
como un buen soldado,
a los brazos de la vida
de la que jamás
debí haberme apartado.

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